3 de enero de 2010

Cuando el dolor se propaga no hay muros ni setos que lo detengan...




Necesitaba lanzarme
a emborronar cuartillas vacías.
Papel seco, liso, continuo...
como seca y vacía está mi vida
donde sólo quedan flores marchitadas.

Si pudiera agitar mi pensamiento
y que en una explosión de chispas
salieran a borbotones todas las palabras
que llevo guardadas dentro,
que se rebullen por escapar de mi garganta...
Pero ahí quedan hechas piedra:
lo único que hacen es taponarla.

Si pudiera manejar como si fuera marioneta
el dolor que me consume y que me embarga,
le pintaría una sonrisa verde
y para que se le llevaran las olas
le sacaría a pasear por esa playa.
O mejor aún: le subiría en una cometa
y hasta desaparecer en el horizonte,
dejaría que la brisa le arrastrara.

Pero el alma duele,
como duelen los momentos
al lado de personas equivocadas,
mientras el amor yace a mis pies despedazado
y las palabras se agolpan rotas de dolor,
muertas de esperanzas,
sin encontrar el camino...

Fué tanto el silencio contenido
y tanta la congoja atravesada
que sólo es dolor lo que tapona mis heridas
y un pesado silencio
de lo que se alimenta mi alma.

No hay comentarios: